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Escrito por Ulises Huete
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En el variado menú de la comida nicaragüense se encuentran exquisitos dulces hechos a base de frutas que se cultivan y se consumen en abundancia. Por ejemplo, tenemos jocotes, icacos, mangos y toronjas en miel, nancites encurtidos y el platillo que nos ocupa en esta ocasión: el maduro en gloria. Por supuesto que existen otros dulces hechos a base de frutas que según el libro La Comida Nicaragüense, de Jaime Wheelock Román, provienen en parte de la dulcería andaluza y castellana.
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Escrito por Ulises Huete
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Nicaragua es un país con diferentes zonas culturales. Cada una tiene sus propias particularidades que se reflejan en su gastronomía. La comida de la Costa Caribe es el producto de la mezcla de las culturas aborígenes, inglesa, africana y española. Esto hace que sea de una variedad exótica. Poco a poco, a causa de la inmigración del Caribe al Pacífico, se han venido comercializando cada vez más algunas de las comidas más populares de la Costa Atlántica en Managua. Dos de estas comidas son el pan de coco y el bon.
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Escrito por Ulises Huete
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El bollo, la empanada y la rosquilla hechos a base de maíz son la cosa de horno. Vendedoras y vendedores que se encuentran en las esquinas, caminando en las calles, en las paradas de buses y en el mercado pregonan “la cosa de horno, la cosa de horno” y ya se sabe que dentro del recipiente que cargan llevan estas comidas. Todavía algunos vendedores te dan la cosa de horno envuelta en hojas de chagüite, otros utilizan bolsas, el propósito es mantener calientita la comida, conservarla vaporosa para sentir plenamente su sabor.
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Escrito por Ulises Huete
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La navidad, a pesar del mercado, son los olores, imágenes, sabores y sonidos que se acumulan en la memoria y que vuelven todos los años. El sonido y el olor a pólvora que recorren las calles cuando los chavalos detonan las triqui tracas, las luces tintineantes colgadas en las casas, el vaivén de los preparativos de la cena del 24 de diciembre, los regalos (cuando hay) que esperan unas manos ansiosas para ser liberados del empaque, la abundante cena de sabores jubilosos, entre otras cosas, son los rituales familiares de esta época.
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Escrito por Ulises Huete
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Bajo el sol intenso de una mañana de noviembre, a través del gentío formado por personas que van y vienen al mercado, una mujer camina con todos los dedos de sus manos llenos de bolsas de plástico transparente con vistosos líquidos de color púrpura, amarillo, anaranjado, rojo y marrón, ¡el fresco, el fresco, el fresco!, pequeños carteles en las puertas de las casas, Se Vende Fresco, o en los mostradores de las pulperías sobre una pizarra acrílica: Hay Naranja, Granadilla, Melón, como también en las comiderías instaladas alrededor de los centros de trabajo en donde se lee junto a los platos del día: Ensalada de frutas, Limonada, Pitaya, etc…, los frescos de frutas quizás sean uno de los alimentos que están en casi todos los lugares de la vida pública y también de la privada porque en la mayoría de las casas la preparación de los frescos es algo casi infaltable, pero volvamos a un detalle de nuestra vendedora ambulante, el recipiente en donde se vende el refresco, las bolsas de plástico, a veces con una pajilla amarrada con la abertura de la bolsa, a veces no, un medio práctico para el comercio de estas bebidas.
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